En la oposición a Guardia Civil hay dos pruebas que no suman ni un punto: ortografía y gramática. Se califican como apto o no apto, y con seis fallos quedas eliminado del proceso por muy bien que hayas hecho el resto.

Casi todo el mundo las trata como un trámite. Los datos oficiales de la última convocatoria dicen otra cosa.

El 47 %

La Guardia Civil publica los resultados aspirante a aspirante, con el detalle de cada prueba. Contando esas filas, esto es lo que ocurrió en el ingreso libre:

Prueba20252026
Gramática8,0 % no aptos47,0 %
Ortografía9,2 % no aptos22,1 %

De 20.394 examinados en 2026, 9.580 cayeron en gramática. Casi la mitad. El año anterior habían sido menos de uno de cada diez.

Un salto así en doce meses no significa que los opositores hayan empeorado: significa que el tribunal ha subido el listón. Y como es una prueba eliminatoria, quien cae ahí no llega a que le corrijan el resto.

Para poner la cifra en contexto: el test de conocimientos, que es el que todo el mundo prepara durante meses, lo superó el 23,5 % de los presentados. La gramática, que casi nadie prepara, se llevó por delante a un porcentaje del mismo orden en una prueba que se resuelve en unos minutos.

Cómo funciona exactamente

Las dos pruebas comparten mecánica, y cambian solo en el tamaño de lo que se juzga.

En ortografía te dan cinco frases con cuatro palabras subrayadas en cada una: veinte palabras en total. Hay que señalar las que están mal escritas.

En gramática son veinte frases o expresiones, y hay que señalar las incorrectas por morfología o sintaxis.

La clave está en cómo se corrige, y es donde se pierde más gente de la que parece: la corrección es simétrica. La plantilla oficial marca cada unidad como bien o mal, y aciertas cuando coincides con ella en los dos sentidos. Es decir, marcar como incorrecta una palabra que estaba bien puntúa igual de mal que dejar sin marcar una que estaba mal.

Eso invalida la estrategia intuitiva de marcarlo todo por si acaso: si señalas las veinte, aciertas las que estaban mal y fallas todas las que estaban bien. Y el número de errores es variable —puede haber cuatro en una frase o ninguno—, así que tampoco sirve buscar una cuota fija.

Por qué cuesta tan poco prepararla

Lo llamativo de esta prueba es la desproporción entre lo que elimina y lo que cuesta.

El temario son 23 temas de derecho: meses de trabajo. La gramática que entra es la del español estándar —concordancias, régimen preposicional, laísmo y leísmo, gerundios mal usados, dequeísmo— y la ortografía es acentuación, b/v, g/j, h, y el puñado de palabras que casi todo el mundo escribe mal. Es materia acotada, y lo que la entrena es la repetición: hacer frases marcadas todos los días, corregirlas y entender por qué estaban mal.

Es, con diferencia, la prueba con mejor relación entre horas invertidas y probabilidad de quedarte fuera. Y sin embargo es de la que menos se habla: si buscas guías de esta oposición, encontrarás docenas dedicadas al temario y prácticamente ninguna a esto.

Conviene, de paso, contrastar con el fichero oficial cualquier cifra que se lea por ahí sobre esta oposición. No siempre cuadran.

Qué hacer con esto

Tres cosas, por orden de utilidad:

  1. Tratarla como eliminatoria, porque lo es. Un plan de estudio que reparta el tiempo solo entre los 23 temas te prepara muy bien para caer en gramática.
  2. Practicarla a diario y en poco tiempo. Diez minutos al día durante meses valen más que un atracón en junio: es una destreza, y las destrezas se oxidan.
  3. Entrenar con la corrección real, la simétrica. Practicar marcando sin penalización por marcar de más enseña un hábito que en el examen resta.

Y antes de nada, leer el temario para saber a qué te enfrentas en el resto de la oposición. Está publicado, completo y gratis.